El descubrimiento reaviva una de las mayores controversias en la evolución de los animales vertebrados.
Hace unos 400 millones de años, los peces sarcopterigios salieron del agua. Con el tiempo, sus aletas lobuladas se convirtieron en patas y dieron lugar a los anfibios primitivos. Durante millones de años, estos gigantescos y rudimentarios cocodrilos, divididos en temnospóndilos y lepospóndilos, se pasearon por el Planeta, hasta que, de repente, en términos geológicos, desaparecieron del mapa dejando como herederos a ranas, salamandras y cecilias, una especie de gusanos tropicales.
Durante más de un siglo, los cientÃficos han buscado una solución a este enigma, pero estaban desarmados, debido a los boquetes en el registro fósil. Ahora, un equipo de la Universidad de Calgari (Canadá) cree haber encontrado la solución a este rompecabezas evolutivo. Los investigadores canadienses han estudiado el fósil de un insólito animal, Gerobatrachus hottoni, que vivió en el periodo Pérmico, hace unos 250 millones de años, antes de que apareciera el primer dinosaurio.
En su opinión, el fósil, hallado en Texas, posee un chásis similar a los temnospóndilos, pero otras caracterÃsticas son análogas a las de los actuales sapos, ranas y salamandras. Según los autores, dirigidos por el veterinario Jason Anderson, el análisis de esta reliquia del pasado da un resultado salomónico. Ranas, sapos y salamandras son tataranietos de los temnospóndilos, mientras que las cecilias son descendientes de los lepospóndilos, el otro grupo de anfibios arcaicos.
Tobillos de salamandra
El estudio, publicado hoy en la revista Nature, resquebraja las teorÃas existentes hasta la fecha, que señalan que todos los anfibios modernos derivan de un solo grupo de anfibios primitivos. “La controversia surgió a causa de la falta de formas de transición, pero este fósil llena ese vacÃo”, opina Anderson.
La calavera, la columna y la dentadura del Gerobatrachus presentan rasgos que persisten en ranas y salamandras. AsÃ, el fósil muestra dos huesos fusionados en el tobillo, una caracterÃstica habitual en las salamandras; y su cráneo es ancho, como el de las ranas. El número de vértebras está a medio camino entre el de ranas y salamandras y el de los anfibios primitivos.
El vestigio fósil plantea, por otro lado, una nueva controversia en la comunidad cientÃfica: cuándo se divorciaron las ranas y las salamandras en el árbol evolutivo. “Con estos nuevos datos, estimamos que ambos grupos se separaron en algún momento hace unos 240 o 275 millones de años, mucho más tarde de lo que sugerÃan los análisis moleculares previos”, señala el investigador Robert Reisz, de la Universidad de Toronto Mississauga, segundo autor del artÃculo.
El cientÃfico Rafael Zardoya, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), ha trabajado en la reconstrucción de la historia evolutiva de las cecilias. A su juicio, es necesario huir de certezas como la planteada en el estudio canadiense: “Yo soy escéptico, como buen cientÃfico”. Para Zardoya, existen otras evidencias que apoyan hipótesis diferentes. “Cuando parezca otro fósil se dará la vuelta a la tortilla”, mantiene. Hasta entonces, el Gerobatrachus será el eslabón perdido de los anfibios.
Visto en: Publico














0 Respuestas a “Hallan el eslabón perdido de los anfibios”